Metamorfosis – Libro III
Baco es el primer chaman, nace dos veces como su nombre indica, transita el inframundo y lleva personas consigo.
Todo empieza con la usual infidelidad de Júpiter y los celos de Juno, la amante es la princesa tebana Sémele.
Juno para eliminarla se disfraza de la anciana niñera de Sémele, al darle confianza puede sembrar dudas sobre el Dios y le aconseja que pida a Júpiter que se le muestre en su aspecto real, si no es un impostor y la ama de verdad.
Júpiter jura sobre la Estigia de conceder cualquier deseo a Sémele y ésta le pide mostrarse; el Dios intenta disuadirla, pero prometió y no puede negarse, busca entonces entre sus rayos y relámpagos el más pequeño, para dañarla lo menos posible.
A pesar de las precauciones, cuando se muestra a Sémele, la fulmina, pero en la explosión consigue recuperar el feto de su hijo para implantarlo en su pierna, completar la gestación y así darlo a luz: Baco crece entre ninfas y, en su adultez, subirá al Olimpo y rescatará a su madre Sémele del Averno, convirtiéndola en la diosa Stímula.
Baco es el prototipo del chaman siendo fruto de la unión entre una mortal y un Dios, así como, según diferentes tradiciones, el chaman es la figura liminal que permea la barrera entre humano y divino.
Su nacimiento comporta el sacrificio de la naturaleza, simbolizado por la muerte de su madre Sémele, pero luego asume el rol de sanador de la misma madre/naturaleza al rescatarla del inframundo.
Baco muere y renace reflejando el mito iniciático del chamán que muere interiormente a su vida anterior para un nuevo nacimiento con poderes espirituales y conocimientos ocultos.
Además, pocos van y vienen como Baco de la posada de Plutón, pero él es el Viajero entre mundos, como buen chaman puede cruzar el umbral y llevar personas consigo: esta delicada relación con las almas de los muertos y los misterios del más allá es otro aspecto nuclear del chamanismo.
Por último, Baco inspira la locura ritual representando el puente entre la cordura cotidiana y el caos de la desinhibición, similar al trance del chamán que conecta con lo divino a través del éxtasis.
Ovidio con Sémele que pide una prueba de amor al divino y muere, nos muestra como los humanos a veces necesitamos caer justo allá donde no confiamos, un proceso doloroso del “yo” que pide al divino una prueba de amor/existencia. Esto puede llevarnos un tiempo al inframundo para que, sólo después, un proceso natural y creativo (simbolizado por el hijo Baco), subamos al Olimpo más consciente de nuestra propia naturaleza divina.