Minerva es una diosa militarizada, nació de la cabeza de Júpiter ya adulta y acorazada con yelmo, escudo y lanza. Vive en una jerarquía y, como “hija del padre”, goza del apoyo del suyo que es la máxima autoridad.
Ya llega un aroma de E6: cómodo cuando las reglas del juego son claras y ordenadas, la autoridad sostenedora y la subordinación cumplidora están definidas y no hay espacio para la duda.
Minerva también es diosa de la artesanía, elaborando la mente guía a las manos para crear cosas útiles y prácticas, características muy apreciadas por el E6.
Minerva domina la estrategia, de hecho, tanto su arquetipo como el E6 actúan desde lo mental con racionalidad, previsión y control; la acción es calculada y trata minimizar el error; planifican y evalúan todos los posibles escenarios en busca de seguridad y disminuyendo la incertidumbre.
El búho es el animal sagrado de Minerva, ¡los ojos prominentes parecen estar siempre alerta!
Minerva protege a los héroes que se dejan guiar y le entregan su confianza, así como lo hace Júpiter que la posiciona en la estructura olímpica como su mano derecha, siendo la única a la que confía el rayo y la égida, símbolos de su poder.
A pesar de sentirse inseguro y desconfiado, el E6 también sabe generar mucha confianza justamente por su capacidad de anticipar problemas y buscar certezas, así como por su lealtad y su apoyo a los demás.
Minerva no soporta la insubordinación y el caos: Aracne fue castigada por impertinente al tejer escenas penosas de Júpiter; Venus fue criticada duramente cuando quiso tejer (se estaba metiendo en la artesanía, terreno de Minerva). Y, cuando está en un rango superior, el arquetipo Minerva sabe intimidar a otros, petrificándoles y suprimiéndoles toda espontaneidad con su “efecto Medusa”.
Como Minerva, el E6 también rechaza la ambigüedad, en cambio lo ordenado y claro le dan seguridad; también puede mostrarse sumiso con los que están jerárquicamente arriba y déspota con los de abajo.
Vivir en la cabeza con enfoque al mundo exterior puede equilibrarse con lo sutil: una mirada amorosa hacia dentro gracias a la integración de la niña que no fue y de la madre que no tuvo.