Diana nada más nacer se dispuso a “hacer las cosas bien”, ayudando a su madre Latona en el complicado parto de su gemelo Apolo. A los 3 años tiene claro lo que quiere para asegurase independencia, pide a su padre Zeus castidad, arco y flechas, una túnica corta, ninfas para acompañarla y el pleno dominio de la naturaleza salvaje.
Ya en estos primeros años podemos apreciar los rasgos del E1 como la búsqueda de autonomía, una autoafirmación y autoconfianza fuertes y la dificultad para someterse a normas que no considera “correctas”; Diana no se deja limitar por las ideas patriarcales sobre lo que las mujeres deben hacer y crea su propia realidad.
Además, el arquetipo de Diana y el E1 se orientan hacia lo correcto y la calidad de su acción, pensando que su valor está en el qué y cómo hacen las cosas: Diana es la diosa de la caza y no puede actuar de forma descuidada así como el E1 busca ser competente, correcto y perseverante; en definitiva ambos se posicionan desde una impecable superioridad.
Diana acude constantemente en ayuda de su madre soltera, en constelaciones nos recordaría la dinámica de “parentalización”: la hija “salva” a mama poniéndosele por encima y presentándose ante el mundo con superioridad, dureza e hiper-responsabilidad.
El E1 puede instalarse en el mismo pedestal actuando desde un código interno claro sobre bien y mal y, desde su ética inquebrantable y su gran rigor moral, castiga a quien viola sus altos principios, se impone y obliga a cumplir.
Desde el pedestal ambos son inaccesibles: poco espacio para lo emocional y estar disponibles para los demás, tampoco abrazan su sensibilidad y vulnerabilidad, cualidades que son más bien despreciadas.
El núcleo central de estas personalidades al descentrarse, es la ira que es ciega y destructiva en Diana (para vengarse de Niobe que “insultó” a su madre mata a sus hijas y la transforma en una columna lloriqueante) y que en el E1 se manifiesta con resentimiento, sarcasmo, frustración, critica, corrigiendo y sermoneando para alcanzar su ideal de perfección.
El antídoto para esta vida disciplinada y austera, sin indulgencias, perseverante con la meta es la integración de la diosa Afrodita: abrirse a su vaporosidad, transitar las emociones, conectar con lo nutritivo y lo amoroso hacia dentro y hacia fuera, puede llevar a priorizar el desarrollo ante el castigo, el cuidar las relaciones ante generar sufrimiento y finalmente asentir a todo tal y como está.
🎨 @jordipalome