Metamorfosis – Libro III
Tiresias se convierte en superstar cuando se cumple su profecía sobre Narciso.
Antes de ser adivino, Tiresias había vivido como mujer y como hombre. Por eso, un día que Júpiter y Juno discuten, sin aclararse, sobre quién prueba más placer sexual entre hombre y mujer, interpelan a Tiresias, ya que había sido ambos.
Tiresias dice que la mujer siente más placer y Juno le condena a la ceguera por revelar un secreto femenino; Júpiter para arreglarlo, compensa a Tiresias con el don de la clarividencia, abriéndole el tercer ojo.
Ovidio ya vislumbra una tercera vía con respecto a las creencias mentales: Júpiter cree algo y Juno lo contrario y eso genera dualidad; en cambio, cuando Tiresias cierra los ojos comunes y apaga el ruido de las creencias mentales para abrirse a la mirada interna y a lo sutil, empieza su camino para convertirse en el gran profeta por lo que será eternamente recordado.
La náyade Liríope consulta a Tiresias sobre el destino de su hijo Narciso y éste le predice que tendrá larga vida con la condición de que "nunca se conozca a sí mismo".
Narciso es un cazador tan hermoso que todo el mundo le desea, pero él repudia a todos despiadadamente, sembrando mucho sufrimiento. Hasta que un joven rechazado le lanza una maldición, pidiendo que Narciso también ame sin ser correspondido y la diosa Némesis entra en acción.
Mientras caza, Narciso es empujado hacia una fuente de agua calma y cristalina, al beber se refleja y se enamora de sí mismo, en vano intenta amarse, pero finalmente se deja morir porque entiende que nunca podrá alcanzarse.
Las ninfas se acercan para enterrarle y en su lugar encuentran una flor, la expresión más pura de la belleza impermanente.
Ovidio en este mito habla de compensación:
Tiresias sabe porque experimenta, fue hombre y mujer y hasta los dioses le consultan, no se queda en ninguna creencia, se abre a perder la vista y gana la visión que le lleva a la completud;
Narciso no encuentra el amor porque le rechaza y Némesis, que es la justicia natural, no le castiga por creencia mental, sino por compensación natural que es la armonía de ciclo vital.